El dardo de Hodgkinson: Más que una broma para el West Ham
Keely Hodgkinson, el fenómeno de los 800m, no se contuvo. Su reciente dardo al palmarés del West Ham –o la falta de él– fue ingenio británico clásico, pero también puso de manifiesto una creciente frustración dentro de la comunidad atlética. "No han ganado nada desde 1966", bromeó, refiriéndose al último trofeo importante de los Hammers, la Recopa de Europa. Para un club que tiene como hogar el London Stadium, un recinto construido específicamente para los Juegos Olímpicos de 2012, es una observación bastante hiriente.
La cuestión es que el comentario de Hodgkinson surge en medio de una preocupación genuina. El acuerdo de arrendamiento del West Ham en el London Stadium, específicamente su renuencia a mover una sola grada para un posible Campeonato Mundial de Atletismo de 2029, amenaza con descarrilar la candidatura de Londres. La ciudad fue sede de los campeonatos en 2017 con excelentes críticas, atrayendo a más de 700.000 espectadores y generando un estimado de 100 millones de libras para la economía local. El CEO de UK Athletics, Jack Buckner, ha sido claro, afirmando que sin la cooperación del West Ham, la candidatura está "muerta". Eso es mucho para depender de la percibida inflexibilidad de un club.
La disputa del estadio
El London Stadium, construido originalmente por un costo estimado de 537 millones de libras, es una bestia compleja. El West Ham se mudó para la temporada 2016-17 bajo un controvertido contrato de arrendamiento de 99 años. Parte de ese acuerdo requiere que el estadio siga siendo adaptable para el atletismo, incluida la capacidad de reconfigurar los asientos. El problema ahora es una grada específica de la parte inferior que necesita ser retirada temporalmente para acomodar la pista del Campeonato Mundial de Atletismo. El West Ham afirma que esto es demasiado perjudicial, citando posibles pérdidas de ingresos por entradas y hospitalidad.
Miren, lo entiendo. Los equipos deportivos profesionales quieren que su hogar se sienta como un hogar. Pero este no es un estadio cualquiera; es un activo financiado con fondos públicos. La London Legacy Development Corporation (LLDC) ya ha invertido una cantidad significativa de dinero en su mantenimiento. El Campeonato Mundial de Atletismo de 2017 vio a Usain Bolt correr su última carrera, y a Mo Farah conseguir un oro histórico. Esos momentos fueron electrizantes. Sugerir que la conveniencia de un club de fútbol supera el potencial de espectáculos deportivos globales similares, especialmente cuando el estadio fue diseñado precisamente para eso, es miope. La asistencia promedio del West Ham para la temporada 2023-24 de la Premier League fue de más de 62.000 espectadores, agotando la mayoría de los partidos. No están precisamente luchando por la atención.
Un legado en riesgo
Hodgkinson, quien ganó la plata en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 y en el Campeonato Mundial de Eugene 2022, conoce el valor de una multitud local. Compitió frente a una ruidosa multitud londinense en la London Diamond League de 2023, estableciendo un nuevo récord británico en los 800m con un tiempo de 1:55.77. Esas experiencias son vitales para los atletas y para inspirar a la próxima generación. Negar a Londres la oportunidad de albergar un Campeonato Mundial no es solo una cuestión del West Ham; es negar a miles de jóvenes atletas la oportunidad de ver a sus héroes de cerca.
En serio: la postura del West Ham aquí los hace parecer la parte egoísta. Se benefician de un estadio de última generación con un alquiler increíblemente bajo, supuestamente alrededor de 2,5 millones de libras al año, una fracción de lo que clubes como el Tottenham o el Arsenal pagan por sus campos. Negarse entonces a una modificación temporal para un evento que trae prestigio internacional y beneficios económicos a la ciudad se siente como morder la mano que les da de comer. ¿Mi opinión? Esto no se trata de la logística de mover una grada; se trata de que el West Ham muestre su poder y trate de ejercer más control sobre un recinto que no posee por completo. Deberían recordar su lugar en el ecosistema deportivo más amplio de Londres.
Predigo que si Londres pierde la candidatura de 2029 por culpa del West Ham, la reacción pública será mucho más perjudicial para su marca que cualquier inconveniente temporal de mover algunos asientos.